A los padres de los que se van y de los que se quedan

2 Mar

MARÍA DENISSE FANIANOS DE CAPRILES | EL UNIVERSAL
miércoles 2 de marzo de 2011 01:04 PM

Algunos se dirán que para qué continúo con este tema de los que se van y de los que se quedan. Bueno, yo creo que ese es hoy uno de los temas más discutidos en nuestro país, como consecuencia del gran problema nacional que es la delincuencia.

Para mí fue sorprendente la cantidad de correos que recibí con los dos artículos anteriores. Como un 90% o más, nombraban la palabra delincuencia (tanto los que se van, como los que se quedan). Y me impresionó mucho que todos los mensajes personales que recibí (más de 100) describían las palabras madre, padre, abuelos, hogar… con una emoción que me hizo derramar bastantes lágrimas. Señores, ¡qué cantidad de venezolanos son excelentes escritores, expertos en transmitir emociones, y con una excelente ortografía además!

Así que padres y abuelos, lo primero que les digo es que tienen unos hijos y unos nietos que los quieren DEMASIADO y que saben que sin ustedes no serían lo que son y no estarían donde están. Y tienen clarito que ustedes son la parte de su raíz más importante.

Valoran, entre otras cosas: el gran sacrificio que han hecho y hacen por ellos para educarlos y sacarlos adelante; aprecian muchísimo esos valores que ustedes les han inculcado y que son vitales para vivir aquí y en donde sea; agradecen ese amor ejemplar que han demostrado al darse a ellos y a los demás; y están muy claros de que sus hogares son el lugar privilegiado para formarse como seres íntegros, seguros y fuertes. Y también admiran mucho la fortaleza y serenidad que algunos han demostrado ante tantos problemas.

De verdad, ¡qué orgullo da, como venezolana, saber que tantos jóvenes respetan y aman a sus padres y abuelos con esa pasión, fundamentada en hechos! Nosotros nunca podremos ser “desarrollados” en ese tema de la eutanasia o como lo llaman por decencia el “buen morir”. ¡Qué espanto! Es tan bello ver cómo desde chiquitos nos enseñan a cuidar y atender a nuestros abuelitos, estén como estén.

Así que a los que se fueron, no dejen de poner los medios para tratar de visitar a sus padres cuando puedan, porque aunque ustedes los vean duros por fuera, por dentro el corazón lo tienen encogidito de nostalgia, de querer tenerlos cerca para consentirlos con un cafecito con leche, o con un pabelloncito y juguito fresco.

Los hijos que se quedan consientan y disfruten mucho a sus padres y abuelos. Apóyenlos con esa fuerza y esperanza que los caracteriza. Gracias a Dios, por nuestra costumbre de reunirnos a celebrar lo que sea, es muy difícil que pasemos una semana sin ver a nuestros padres y/o abuelos, sino es que vivimos “arrejuntados” con ellos.

Y ahora les digo a los padres: ¿ustedes saben qué es sabroso en la vida? Acostarse “exprimidos como un limón” porque estamos fajados tratando de sacar nuestro hogar adelante; por educar lo mejor posible a nuestros hijos (y a nuestros nietos, si nos toca); y por contribuir en lo que podamos en la construcción de un mejor país para todos.

Cada cana (que a quienes vivimos en Venezuela, nos salen miles), cada arruga (que la llevamos con gran orgullo, porque olvídense de tiempo y dinero para cirugías o tratamientos faciales), cada rollito (porque la vida ni los reales nos dan para meternos en un gimnasio), cada una de esas palabras que no están para nada “de moda” y que ni de broma salen en las revistas “in” son lo Grande.

Eso, que es consecuencia de lo verdaderamente profundo, es lo que deja raíces, es lo que fortalece la siembra con el mejor abono. Y eso es lo que más valoran los hijos y los nietos, y lo que trae como consecuencia hijos únicos “a lo venezolano” que han sabido afrontar, con gallardía, lo duro que les ha tocado vivir en esta etapa de nuestra historia.

Es verdad que los padres y abuelos que están fajados cada vez tienen más canas, arrugas y cauchitos, pero también es verdad que cada día sienten el alma más joven, porque han aprendido a vivir también como muchachitos “todo terreno”. Y si no que lo digan esas bellezas de viejitos que vemos tanto en las iglesias rezando como en las concentraciones, marchas o centros electorales.

Así que mi mensaje para todos los padres y abuelos es: ¡Nunca tiren la toalla! Agárrense duro de Dios para que les dé fortaleza y un corazón de 15. Fájense a sembrar su fe y sus valores en sus hijos y nietos porque eso es lo único que verdaderamente puede cambiar un país. Además, en esta época contamos con maravillosas escuelas de padres por Internet o donde sea, así que no hay excusa para no esforzarse en educar bien a las nuevas generaciones.

¡Para que podamos educar líderes que rescaten tantos valores perdidos! ¡Líderes que vivan para servir y no para ser servidos!

Yo sé que cuesta y que no es fácil. Son demasiadas cosas: la angustia de que no nos alcance la plata para el alquiler, la comida, medicinas, colegios, útiles; el problema del transporte, el tráfico, etc., etc., etc. Y la temida inseguridad, que de verdad en este tema lo que nos ha quedado es fajarnos a rezar como nunca en la vida.

Y esa es otra cosa maravillosa de los padres o abuelos venezolanos actuales: hemos tenido que practicar más nuestras creencias. Y como hemos visto que nos da paz y ayuda a vivir más felices, hemos comenzado más de lleno a conocer esa fe que nos habían transmitido nuestros padres o abuelos y que creíamos (cuando vivíamos sin tantos problemas) que no era tan importante. Ahora sí sabemos que es “lo más importante”, porque sin eso cuesta mucho más la esperanza, la alegría, la paciencia, el perdón, la solidaridad, etc.

Así que padres y abuelos, a pesar de nuestros 40, 50, 60, 70, 80, 90 o 100 sigamos con la fuerza que nos permita la edad y la salud “sin tirar la toalla” nunca, a pesar que nos provoque tirarlas todas y salir corriendo.

Y si no tenemos salud, aprovechemos de ofrecer a Dios esa limitación con alegría por nuestros hijos, por nuestros nietos y por un futuro mejor para nuestra amada Venezuela.

De verdad ¡Vale la Pena! ¡Vale la pena gastarse y dar la vida por quienes más queremos en esta tierra! ¡Vale la pena sembrar el árbol con la mejor semilla, y mantenerlo regado y abonado mientras vivamos, para así recoger muy pronto los mejores frutos y para que muchos puedan disfrutar de su sombra!

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