A los jóvenes que se quedan

23 Feb

Tomado de “El Universal” de la Firma MARÍA DENISSE FANIANOS DE CAPRILES miércoles 23 de febrero de 2011 04:50 PM

La semana pasada, escribí a los jóvenes que se van. Hoy escribo a los que se quedan.

Escribir a los jóvenes que están luchando en Venezuela es algo que considero más que un deber. El hecho de ser una madre periodista quien ha vivido esta última década de nuestra historia siguiendo las noticias día a día y criando seis hijos que nacieron entre los años 1993 y 2001, me da un conocimiento sobre cómo han crecido nuestros niños y cómo han desarrollado valores y virtudes en su juventud.

Porque como decía Andrés Eloy Blanco: “Cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera… Cuando se tienen dos hijos se tienen todos los hijos de la tierra…”. Y yo puedo agregar que “cuando se tienen seis hijos, en esta etapa de nuestra historia, uno se siente madre de miles de héroes que están dejando muy en alto el nombre de Venezuela”.

Naturalmente el espacio no me dará para hablar de todas las virtudes que han desarrollados nuestros jóvenes en estos años. Hablaré de las más importantes, y que nos pueden servir a muchos adultos para tratar de imitarlos.

Paciencia y fortaleza “todo terreno”: Si hay algo que ha caracterizado a la gran mayoría de la juventud venezolana es su gran paciencia y fortaleza para afrontar los innumerables problemas que afrontan el día a día, desde que se levantan hasta que se acuestan. Es tal cual como si vivieran montados en un ring de boxeo. Problemas por aquí, problemas por allá. Y como si fuera poco han tenido que aguantar negatividad a granel, quejas por doquier, desesperanza, odio, mentiras, etc., de algunos adultos que lamentablemente no han dado muy buen ejemplo. Todo eso ellos lo han afrontado con una gallardía que yo llamo “todo terreno” porque pasan por encima de todo y no desmayan en su afán por formarse muy bien en sus escuelas o universidades; seminarios o cuarteles; o en sus trabajos, quienes son apoyo económico de sus familias. Y además luchan por cumplir sus deberes, por defender sus derechos y por estar al servicio de quienes más los necesitan.

Un joven venezolano que hoy tiene 18 años, ha estado prácticamente desde que tiene conciencia de sí, afrontando durísimas pruebas, si es que ya no ha pasado a la otra vida producto de la delincuencia. Y aquí hago un pequeño paréntesis para citar algo que me dijo una madre venezolana a pocos días del asesinato de sus tres únicos hijos: “El dolor que tengo es inmenso, siento que me han arrancado el corazón, pero en el fondo siento paz porque murieron como mártires y yo sé que ya están gozando de la felicidad eterna”.

El hecho es que nuestros jóvenes se han hecho valerosos y dispuestos a lo que sea; para que en su país, que lo quieren con el alma, reine algún día la verdadera justicia y la paz. Y yo les pregunto ¿Qué creen ustedes que puede salir de estas maravillas de jóvenes que se están forjando con lucha, paciencia, fortaleza, etc.?

Alegría y solidaridad: A quienes creen que la felicidad está en el placer y en la comodidad yo quiero que me expliquen por qué cuando uno ve a tantos jóvenes ayudando en los barrios, escuelas, hospitales, ancianatos, cárceles, refugios, etc., reflejan una alegría que contagia. ¿Por qué muchos de ellos llevan ánimo y ganas de vivir a todo el que se le cruza por delante? Porque esos jóvenes han aprendido aquello que dijo Jesucristo: “Hemos venido a servir y no a ser servidos”. ¿Cuántos jóvenes venezolanos no conocemos que han dejado de un lado sus planes, sus intereses, sus cosas… para ir a entregarse a los demás y ayudar a quienes más lo necesitan? Basta retroceder un poco los meses y recordar esa cantidad de muchachos que la pasada Navidad dejaron sus planes de diversión para irse a los refugios a ayudar a nuestros hermanos damnificados, con la mayor alegría del mundo. Eso es sólo una muestra pequeñita.

Una fe que “da gusto”: ¡Qué gusto da ver a esa inmensa cantidad de jóvenes que colman las iglesias los domingos y las manifestaciones religiosas que se dan frecuentemente en nuestro país! Es común verlos rezar y pedirle ayuda a Dios porque ellos, quienes además son humildes, saben que solo Él les puede dar la fortaleza, la sabiduría y la esperanza para seguir luchando, sin cansancio, en la construcción de un mejor país para todos. Yo me imagino lo feliz que debe sentirse Dios al ver a esta cantidad inmensa de jóvenes buscándolo y tratándolo, cuando en algunos países que se llaman “desarrollados” quieren saber muy poco de Él (por algo Juan Pablo II nos llamaba el Continente de la Esperanza). Yo los animo, muchachos, a que sigan en ese camino y que cada día se hagan más expertos en su fe y creencias porque eso les ayudará a vivir como personas íntegras y les dará más herramientas para poder defender la verdad y los valores, y sobre todo, para vivir plenamente felices.

Absoluta Confianza: Ante la desesperanza de algunos, es impactante ver a muchos jóvenes convencidos de que lo que están haciendo pronto dará sus frutos. Saben que mientras mejor se formen, mientras más luchen en practicar los valores que su familia les enseñó; que mientras más piensen en los demás y menos en ellos, estarán abonando una excelente siembra que muy pronto dará sus frutos. De ahí esa confianza y esperanza, que para algunos que se atormentan y paralizan con las malas noticias del día a día, es algo realmente inexplicable.

Pues la lista de virtudes podría continuar sin fin porque nuestros jóvenes son inteligentes, creativos, magnánimos, líderes auténticos… y lo mejor es que la gran mayoría de ellos están usando sus capacidades para construir un mejor país para todos.

Pero por sobre todas las cosas nuestros jóvenes son dueños de un gran corazón, pacífico por naturaleza. Un corazón donde caben todos, sin rencillas, sin rencores. Un corazón tan grande, tan grande, que no permitirá nunca que el odio que algunos quieren sembrar triunfe sobre el amor que ellos están dispuestos a dar.

Sigan así muchachos dando muestra de grandeza, fortaleza, paciencia, perseverancia y amor. Ustedes son nuestra gran esperanza, nuestro gran ejemplo y esa fuerza que necesitamos algunos para seguir viviendo con ánimo en este maravilloso país luchando por una mejor nación para todos.

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